El Congreso Mundial “Una Sola Salud” tuvo una gran convocatoria en Portugal
El 9º Congreso Mundial de Una Sola Salud reunió del 4 al 7 de septiembre a más de 1.300 especialistas de 107 países. El encuentro, patrocinado por la UNESCO, se llevó a cabo en Lisboa, donde en más de 80 sesiones y 600 pósteres científicos se abordaron temas como la resistencia antimicrobiana, las zoonosis, la vigilancia epidemiológica y la bioseguridad, con implicancias directas para la producción animal y la inocuidad de los alimentos. Se lanzó una Declaración Conjunta y un Llamamiento a la Acción para movilizar a la comunidad mundial en torno al compromiso compartido de defender el enfoque «Una Sola Salud» e instar a los responsables de la toma de decisiones a traducir dichos compromisos en financiación y medidas políticas concretas.
La salud de los animales, la salud humana, la salud vegetal y la salud del ambiente no pueden administrarse como compartimentos aislados. Esa idea, conocida como Una sola salud, parece abstracta hasta que se observa desde una cadena cárnica. Un antibiótico utilizado en producción, una bacteria resistente presente en un animal, los efluentes de un establecimiento, la contaminación durante la faena y una infección diagnosticada en un hospital pueden formar parte del mismo problema. La respuesta, por lo tanto, exige información compartida y medidas coordinadas desde el campo hasta los servicios de salud. Ese fue el marco del 9º Congreso Mundial de Una Sola Salud, celebrado del 4 al 7 de septiembre de 2026 en Lisboa, Portugal. Según la organización, participaron más de 1.300 expertos de 107 países, se presentaron casi 600 pósteres científicos y se desarrollaron más de 80 sesiones. El encuentro reunió a investigadores, veterinarios, profesionales de la salud, especialistas ambientales, responsables políticos, representantes de la industria y organismos internacionales. Entre ellos estuvieron la FAO, la OMS, la Organización Mundial de Sanidad Animal, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.
UN CONCEPTO AMPLIO CON APLICACIONES CONCRETAS
El programa abarcó cuestiones tan diversas como cambio climático, enfermedades transmitidas por vectores, fauna silvestre, preparación ante pandemias, seguridad alimentaria y gobernanza sanitaria. Para la industria cárnica, tres núcleos resultaron especialmente relevantes: el uso de antimicrobianos y la resistencia bacteriana; la vigilancia de zoonosis y de agentes microbianos transmitidos por alimentos; y la integración de datos procedentes de animales, alimentos, personas y ambiente. El interés no reside solamente en prevenir una futura pandemia. Buena parte de los problemas cotidianos de inocuidad ya se mueven entre esos ámbitos. Salmonella, Campylobacter, Escherichia coli resistentes o determinados virus pueden circular por reservorios animales y ambientales, ingresar en las cadenas productivas y ocasionar enfermedad humana. Ningún eslabón dispone, por sí solo, de toda la información necesaria para reconstruir esas trayectorias.
La resistencia antimicrobiana fue uno de los ejes más visibles del congreso. Las sesiones consideraron tanto la generación de evidencia científica como su traducción en políticas públicas. Entre los temas presentados en conferencias y trabajos en póster figuraron una consulta internacional para definir qué debe entenderse por uso apropiado de antimicrobianos desde la perspectiva de Una Sola Salud, la vigilancia genómica de Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae multirresistentes, la dispersión de genes de resistencia entre fauna silvestre, ganado y ambiente, y la cooperación entre laboratorios veterinarios públicos y privados. También se presentó InFARM, el sistema internacional de la FAO para el seguimiento de la resistencia antimicrobiana en animales y alimentos. Su propósito es fortalecer la recopilación, el análisis y el intercambio de datos nacionales. Para los países exportadores de carne, estos sistemas adquieren además una dimensión comercial: los mercados demandan cada vez más evidencia sobre el uso responsable de medicamentos y sobre la capacidad de detectar y controlar organismos resistentes.

DEL ANIMAL ENFERMO AL BROTE ALIMENTARIO
La vigilancia integrada apareció igualmente en trabajos sobre patógenos y cadenas alimentarias. El enfoque combina el sistema productivo con prácticas culturales de consumo y herramientas conjuntas de evaluación del riesgo. La metodología muestra una evolución importante: ya no se espera necesariamente a que aparezcan los enfermos para comenzar a buscar el agente. La secuenciación y el monitoreo ambiental pueden ayudar a reconocer rutas de contaminación y a orientar medidas preventivas antes de que un problema se amplifique. La misma lógica se aplica en frigoríficos y plantas elaboradoras. Los resultados microbiológicos de materias primas y productos, los hallazgos ambientales, la información del establecimiento de origen y los datos clínicos adquieren mayor valor cuando pueden compararse. La secuenciación del genoma completo permite establecer relaciones entre aislamientos que antes se consideraban independientes y mejorar el rastreo de fuentes. Pero la tecnología sólo resulta útil si existen protocolos compatibles, capacidad de laboratorio y mecanismos oportunos para intercambiar la información.

SANIDAD ANIMAL, BIOSEGURIDAD E INOCUIDAD
El congreso también abordó enfermedades con fuerte impacto productivo y comercial. La peste porcina africana fue utilizada como estudio de caso en una sesión dedicada a integrar alimentos, agricultura y seguridad dentro de sistemas operativos de Una sola salud. Hubo presentaciones sobre influenza porcina, influenza aviar de alta patogenicidad y vigilancia en la interfaz entre fauna silvestre, ganado y seres humanos. No todas estas enfermedades son zoonóticas ni se transmiten por el consumo de carne. Sin embargo, su inclusión es pertinente: una emergencia sanitaria puede alterar la producción, provocar restricciones comerciales, comprometer medios de vida rurales y exigir la coordinación de servicios veterinarios, laboratorios, autoridades ambientales, productores e industria. Una Sola Salud no significa confundir peligros diferentes, sino reconocer cuándo una respuesta fragmentada resulta insuficiente.
Para la cadena cárnica, esa traducción a la práctica tiene contenidos concretos: planes de uso prudente de antimicrobianos; diagnóstico que permita tratar con mayor precisión; vigilancia de resistencias en producción y alimentos; bioseguridad en los establecimientos; control de patógenos durante la faena y la elaboración; secuenciación para investigar brotes; manejo adecuado de residuos y efluentes; y canales estables de intercambio de datos entre los sectores público y privado. También exige evitar dos simplificaciones. La primera es presentar a la producción animal únicamente como origen de amenazas, sin considerar su aporte a la nutrición y a los medios de vida ni la diversidad de sistemas productivos. La segunda es utilizar la expresión Una Sola Salud como una etiqueta general, sin objetivos verificables. El valor del enfoque depende de que produzca mejores decisiones: detectar antes, intervenir con mayor precisión y evaluar si las medidas adoptadas reducen efectivamente el riesgo.
La industria frigorífica y elaboradora ocupa una posición privilegiada para aportar información. Sus controles microbiológicos, programas de saneamiento, investigaciones de causas raíz, datos de proveedores y sistemas de trazabilidad pueden revelar señales que no aparecen en otras fuentes. Al mismo tiempo, necesita recibir con rapidez información epidemiológica y sanitaria para ajustar sus planes de control.
El Congreso Mundial de Una Sola Salud confirmó que la resistencia antimicrobiana, las zoonosis y las enfermedades transmitidas por alimentos ya no se estudian sólo dentro de una disciplina. Para la cadena cárnica, el desafío consiste en participar de esa integración sin perder especificidad técnica. La inocuidad seguirá dependiendo de buenas prácticas, higiene, control de procesos y verificación. La diferencia es que esos instrumentos pueden ser mucho más eficaces cuando se conectan con la sanidad animal, la vigilancia humana y la información ambiental.
